San Martín llega al Padre Martearena con una cuenta pendiente. En sus cuatro antecedentes en 16avos de Final de la Copa Argentina cayó contra Boca, Argentinos, Racing y River; todos rivales de otro calibre. Esta vez enfrente hay un Banfield que terminó el torneo Apertura en el puesto 13° y que arrastra meses de irregularidad. La diferencia de jerarquía existe, pero en una cancha neutral y en partido único, es mucho más chica que en cualquier otro contexto.
El 2026 del “Taladro” fue una temporada para olvidar: cinco victorias, tres empates y ocho derrotas, con 18 puntos y lejos de la pelea por los playoffs. Ese presente condiciona la lectura del cruce de este viernes, pero no tanto como podría parecer a primera vista. Porque en Salta no habrá local ni visitante. Será en cancha neutral, y en la Copa Argentina eso cambia bastante el análisis: los números de visitante de Banfield, que fueron desastrosos durante el Apertura, pierden parte de su peso cuando ninguno de los dos equipos juega en casa.
La Copa Argentina, además, tiene su propia lógica. La historia del certamen está repleta de batacazos, de equipos del ascenso que le apagaron la luz a rivales de Primera, de partidos que se resolvieron por detalles mínimos en escenarios donde el peso de la camiseta importa menos que en un torneo regular. El cabezazo de Nicolás Ferreyra contra Atlético de Rafaela encendió la mecha. Ahora le toca al “Santo” dar el paso que nunca pudo dar.
La forma en que va a competir
Lo primero que San Martín tiene que entender es que Banfield no va a querer tener la pelota. Terminó el Apertura con apenas el 42% de posesión promedio, penúltimo en toda la Liga Profesional, y con un 69% de precisión en los pases, también entre los más bajos. Eso no es una carencia: es una decisión. Pedro Troglio prefiere un bloque ordenado, líneas juntas, y salir rápido cuando recupera. Le cede el balón al rival con gusto y espera el error.
Lo que sí tiene, y en cantidad, es músculo en los duelos. Banfield lidera la Liga Profesional en duelos ganados por partido con 63, bien por encima del promedio de 53,8. Si el “Santo” cae en un partido físico, de ida y vuelta, con mucho espacio entre líneas, el “Taladro” se va a sentir en casa. La clave para el equipo de Andrés Yllana pasa exactamente por lo contrario: mover la pelota con criterio, no apurarse y no regalar transiciones. Banfield crece cuando el rival se desordena; se achica cuando tiene que correr hacia atrás durante largos tramos.
La formación habitual es el 5-3-2, con cinco defensores, tres volantes y una dupla de delanteros arriba. La línea de cinco da solidez defensiva pero deja a los carrileros muy exigidos cuando el equipo tiene que defender en amplitud. Ahí puede aparecer una grieta para el “Santo” si trabaja bien los costados con paciencia.
Los nombres que San Martín debe neutralizar
El peligro más concreto viene de arriba. Mauro Méndez es el goleador del equipo, veloz, hábil para moverse entre defensores y muy efectivo en las transiciones. No es un “9” de área estático: aparece, se escapa y no necesita muchas chances para convertir. Anotó en varios partidos consecutivos del Apertura, y en el clásico contra Lanús le anularon un gol que habría cambiado el resultado. Es el jugador que más puede hacerle daño a la defensa del “Santo” si se le da campo para correr.
Su compañero habitual es Tiziano Perrotta, que anotó un doblete frente a Newell's y también convirtió en el triunfo final contra Barracas. Perrotta es joven, intenso y presiona desde arriba de manera permanente, lo que obliga a los centrales del “Santo” a construir bajo presión constante. En el medio campo, Lautaro Villegas es el ancla que ordena las líneas, y Favio Álvarez -el ex volante de Atlético- aporta creatividad cuando está en cancha. Son los nombres a controlar para que San Martín pueda tener fluidez en la salida.
Lo que los números dicen
Banfield recibió 1,3 goles por partido en promedio durante el Apertura, uno de los más altos del torneo, y apenas generó 3,7 tiros al arco por encuentro, por debajo del promedio general. Un equipo que concede con facilidad y que produce poco cuando tiene que ir a buscar el partido. Si San Martín se pone en ventaja, al “Taladro” le cuesta revertir situaciones: no tiene volumen ofensivo para apretar durante largos tramos.
Pero el matiz está en el contexto: esos números corresponden a un torneo largo, en el que acumuló irregularidades de semana en semana. Un partido único en cancha neutral, con motivación extra y con Troglio preparando el juego durante una semana entera, puede dar un equipo diferente al que mostró en el Apertura. La Copa Argentina no distingue entre categorías en la preparación: ambos llegan con los mismos días de trabajo y el mismo tiempo para estudiar al rival.
En Salta, el equipo de Yllana tiene la chance de dar el paso que nunca pudo dar en la Copa Argentina. Pero para eso va a necesitar la mejor versión de sí mismo, porque enfrente tendrá un rival que, aunque venga de una temporada floja, conoce la exigencia de Primera y sabe cómo hacer daño cuando el partido le da la oportunidad.